sábado, 29 de abril de 2017

CORRER y emigrar


El pasado domingo culminó la primera fase de una aventura que comenzó -formalmente- en junio del año pasado, cuando me llegó un mail que anunciaba la 1/2 Maratón de Madrid 2017. Y, sin pensarlo mucho, me inscribí. Fue instintivo. Impulsivo. Producto de muchas emociones que estaba viviendo en ese entonces. Sin embargo, esta aventura empezó verdaderamente en abril de 2015 cuando corrí mi primera carrera. Los 10K de la EDP Rock 'n' Roll de Madrid. Quién iba a decir en ese entonces que 2 años después volvería a correr la misma carrera, pero en formato media maratón.

La verdad es que si 10 años atrás alguien me hubiese dicho que cuando tuviese 30 iba a correr una media maratón, no lo hubiese creído nunca. ¿Yo, corriendo? ¡Por favor! Si no era capaz de darle 2 vueltas a una cancha de fútbol. Aunque siempre he hecho ejercicio; correr no era lo mío. Sino que lo digan mis compañeras de TS del colegio Saint-Vincent de Soignies. Bien saben ellas como sufrí cada una de las clases de atletismo que hice durante mi año de intercambio en Bélgica.

Sin embargo aquí estoy, 13 años después, habiendo terminado mi primera media maratón. 
21,097 kilómetros sudados;
2:02:50 horas gozadas;
122 minutos y 50 segundos sufridos;
y las calles de Madrid conquistadas, junto a otras 30 mil personas, en una carrera contra mi misma y mis límites. 

Aunque comencé a correr cuando todavía vivía en Caracas, el amor por el running nació cuando me mudé a Madrid en 2014. Poder perderte en las calles de una nueva ciudad y conocerla mientras haces ejercicio es muy divertido. Hace mes y medio me uní al grupo de Adidas Runners cuyo lema es #WhyIRun. Y esta es una pregunta que me hago cada vez que salgo a correr: ¿por qué corro? ¿En qué momento se me ocurrió salir a pisar el asfalto y llenar mi vida de kilómetros (aún y cuando a veces me duelen las rodillas)? Y después de mucho pensar, he llegado a la conclusión de que no existe algo que se parezca tanto a emigrar como correr (no es casualidad que Madrid haya sido mi gran motivador).

Por más consejos, secretos y recomendaciones que te den; por más experiencias que compartan contigo, o por más ayuda que te brinden, nunca sabrás verdaderamente lo que es y lo que se siente desafiarte a ti mismo hasta que no estás allí, sobre la pista.

Cuando corres, no importa cuántas personas tengas a tu alrededor. Sobre el asfalto estás solo contigo. Si bien la gente que va corriendo a tu lado te puede ayudar, a veces marcar el ritmo, y darte ánimos cuando piensas que no puedes más y quieres rendirte (lo que es siempre importante y necesario) al final eres tú contigo mismo, con tu respiración, tu empuje y tus ganas.  No importa lo que te digan los demás, eres tú quien debe empujarse y darse ánimo para continuar. Si bajas el ritmo, si paras o si aceleras el paso, la decisión es siempre tuya y de nadie más. 

Y así vas, enfrentándote al camino, conquistándolo poco a poco; haciéndolo tuyo con cada nuevo paso. Y no importa si un día no pudiste mejorar o si necesitaste descansar, porque sabes que mañana siempre lo puedes volver a intentar. Un paso a la vez, mejorando tu resistencia y tu ritmo cada día un poco más. Porque sabes que llegar a la meta es importante, pero que disfrutar el camino lo es aún más.

Y entiendes que por muy cansado que estés, sí puedes dar un paso más. Y de paso en paso, avanzar un nuevo kilómetro. No importa el agotamiento, siempre encontrarás la fuerza suficiente para completar esos siguientes mil metros. Y así, hasta la meta. 

Y aprendes que la mente domina el cuerpo, y que tu mayor enemigo eres tú mismo. Tus pensamientos te empujan o te limitan. Tú decides. 

Y te das cuenta que mientras más cerca estás de la meta, mayor es la emoción; pero también lo es el cansancio y el dolor. Ese último kilómetro es el peor. El que más duele. El que más quema. Las rodillas, los pies, la mente y hasta la respiración se hace más pesada. Pero cuando por fin llegas a la meta y ves que a pesar de todo pudiste terminar, la felicidad te quita todo sufrimiento. Y esa, es la mejor sensación que vayas a experimentar nunca jamás.

Porque al final el dolor pasa, pero todas las emociones que viviste y el dolor sufrido y superado en ese último kilómetro, nunca nadie te los podrá quitar. La satisfacción que queda después de haberte retado y superado dura eternamente.

Cuando estés desesperado y sientas que no puedes más, recuerda que el emigrar no es una carrera de 100 metros; es un puto maratón. Así que vamos. Un paso y un kilómetro a la vez. ¡Nos vemos en la pista!

P.D: No es casualidad que haya hecho mi primera media maratón justo este mes, después de haber cumplido 3 años en España. 

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