domingo, 28 de septiembre de 2014

Los adioses de mi vida

"Saber decir adiós es crecer..."
Cerati

Odio los adioses. Pero de alguna u otra forma siempre he estado relacionada con ellos. 

Quizá la responsabilidad la tienen mis papás, que con el objetivo de hacerme independiente y fuerte, me dejaban ir sola con mis tíos a casa de mis abuelos, en Mérida, con tan solo 2 años de edad. Y yo, me despedía con la mano y ni lloraba. 

Así transcurrieron mi niñez y adolescencia. Un mes entero de vacaciones en casa de los abuelos; otro en casa de los tíos. Y aunque muy protegida y cuidada, nunca fui parte del club de niñas que jamás se alejaba de sus papás.

A los 17 dejé mi casa y mi país y me fui de intercambio por un año a Bélgica. Lejos de todo y de todas las personas que conocía. Hoy creo que ese ha sido el más significativo adiós que he dado en mi vida. Porque no fue solo presencial, fue un adiós representativo y transformador: adiós a mis años de colegio, a mi forma de ver la vida y de hacer las cosas; adiós a la niñez, al cuidado diario de mis padres, a las clases de flamenco y la rutina. Un adiós que marcó un antes y un después.

Cuando regresé, no pude ni decir hola, porque enseguida me fui a Mérida para estudiar 2 meses fugaces -y reveladores- de ingeniera en la ULA, y luego me mudé a Caracas para estudiar Comunicación en la UCAB. Durante 5 años, los adioses fueron repetidos. Cada vacación o fin de semana venía acompañado de un abrazo y un: "cuídate, nos vemos pronto".

A los 23, luego del respectivo adiós a los años de universidad y antes de graduarme, dije adiós momentáneamente y me fui 3 meses a Inglaterra. Y aunque regresé pronto, la vida no fue la misma.

En 4 años pasan demasiadas cosas. Muchas de mis grandes amigas dijeron adiós y se fueron del país. A algunas solo las he vuelto a ver una vez, a otras más nunca. Le dije adiós a un apartamento que me encantaba, a 8 roommates, y a un par de novios.

Hace 6 meses di uno de los más grandes adioses cuando decidí emigrar y marcar un punto de no retorno. Le dije adiós a los que se quedaron, a mi familia, mi trabajo, mis amigos, mi novio y mi gato.

Mirando hacia atrás me doy cuenta de que en la vida he dicho tanto adiós que la palabra ya ha perdido sentido. Me he separado de la gente que amo tantas veces que ya debería estar acostumbrada. Me sorprende que no sea así. Aunque soy un caparazón por fuera y tengo una tolerancia increíble a la separación, la verdad es que cada vez que digo adiós algo queda roto dentro de mi (y estoy segura que eso explica mi gran capacidad de desapego).

Hoy volví a decir adiós, y fue del tipo "no se cuando nos volvamos a ver". Con lágrimas escondidas y muy poca esperanza, vi a mi amigo alejarse a la fila de control de emigración en el aeropuerto... Ya debería estar acostumbrada.

Odio los adioses. Y aunque siempre lo he hecho, antes eran adioses temporales y tenía certeza de ello. Ahora la promesa de volverse a ver es cada día más ficticia. Los "nos vemos" no tienen fecha establecida, y el "pronto" se ha convertido en un "quizá algún día". En cada abrazo de despedida un pedacito de mi se va. Y tengo miedo de que llegue el día en que ya no quede nada y sea totalmente insensible a los adioses. 

Sí, todos tenemos días de mierda.

1 comentario:

  1. Ay Vane, qué identificada me siento con tus adioses!
    No está nada fácil vivir de la forma en que lo hacemos, y bueno ya no sé si pensar que la razón es Venezuela; creo que el mundo definitivamente es otro y ahora valen más otras cosas que antes ni nos preocupaban.
    Sé que la superación personal es algo de lo que nos preocupamos todos los días, pero creo que aveces deberíamos parar y pensar más en grupal, no ser tan individualistas como nos hemos vuelto.
    Ya no importa si tu amor brota por las venas, si sientes que te falta algo para ser mejor, te separas de esos a quien quieres sólo por llegar a obtener eso que crees que te hace falta... ¿pero y después? ¿cuándo ya lo logras y estás sola? Sé que dicen que lo que es de uno es de uno, o que tu familia siempre será tu familia... pero qué duro es tener que despedirte cuando el amor no ha acabado y así optar por volverte menos sentimental.
    No obstante, sé que Venezuela tiene mucho protagonismo en lo que estamos viviendo desde la distancia.

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