lunes, 7 de diciembre de 2009

-Señorita Tita, quisiera aprovechar la oportunidad de poder hablarle a solas para decirle que estoy profundamente enamorado de usted. Sé que esta declaración es atrevida y precipitada, pero es tan difícil acercársele que tomé la decisión de hacerlo esta misma noche. Sólo le pido que me diga si puedo aspirar a su amor.

-No sé qué responderle; deme tiempo para pensar.

-No, no podría, necesito una respuesta en este momento: el amor no se piensa, se siente o no se siente. Yo soy hombre de pocas, pero muy firmes palabras. Le juro que tendrá mi amor por siempre. ¿Qué hay del suyo? ¿Usted también lo siente por mí?

-¡Sí!

Sí, sí, y mil veces sí. Lo amó desde esa noche para siempre.

(ESQUIVEl, L. Como agua para chocolate)

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