viernes, 4 de diciembre de 2009

R E S P U E S T A S

Pocas veces me suceden este tipo de cosas. Casi nunca, en realidad. Sin embargo, esta vez me ocurrió. Simplemente leí y ahí estaba lo que buscaba. Una simple respuesta.

(Con el permiso de Francisco Massiani haré un copy-paste de algunos trozos de su cuento para que puedan entender mi punto. Me gustaría colocar toda la historia, pero creo que con esto será suficiente)

¿Bueno, y qué me pasa? te preguntas. ¿Qué me está pasando? Y es que se abre un hueco de olvido. Se abre un hueco, un vacío de olvido en algún lugar de tu cuerpo. Ponle tú que esté en el rincón más oscuro y perdido, más escondido, ese hueco de olvido. Que no puedes dar fácilmente con él, encontrarlo. Sucederá que puede que pases todo el día, y cada vez más cansado, más desanimado, se fugan tus fuerzas y tus ganas por ese hueco de olvido.

(…)

Y cada vez que se le ocurra a ese deseo, esas ideas que inventamos para sentir una pizca de entusiasmo en el día, si a ese deseo que ha llenado de entusiasmo todo tu cuerpo, se le ocurre perderse por ese rincón solitario y oscuro, si por casualidad se resbala y se va, y cae en ese hueco de olvido, todo el entusiasmo que creció en ti con la aparición de ese deseo perdido ya, se caerá también, se escapará por ese hueco de olvido, y tú de repente (…) sin saber por qué, te sentirás devorado por una tristeza extraña, perdido y cansado, tan desanimado como si te hubieran respirado el alma.

(…) Y es posible que pases mucho tiempo sintiendo ese pequeño vacío interior, en ese rincón que imaginas dentro de ti. Hasta que un día de buena suerte, una palabra, algo, se le ocurra llegar por ahí y recordarte el motivo que abrió ese hueco de mala suerte, ese hueco de olvido, y una vez recordado el motivo que lo abrió, lo habrás cerrado, y podrás llenar de ilusión ese rincón, y con los otros llenos, podrás caminar otra vez con alegría, podrás caminar otra vez sabiendo a dónde y por qué lo haces, y sintiendo deseos no sólo de llegar adonde te provoca llegar, sino también gozando de cada pisada, de cada respirada que das.”

(MASSIANI, F; En el rincón más solitario que hay en mí)

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